El dolor explotó en mi mejilla, blanco y ardiente, resonando en mi cráneo. Mi cabeza se movió de golpe hacia un lado, el cabello azotando por la fuerza.
Por un momento, no pude respirar.
La habitación dio vueltas.
Mi mano voló hacia mi mejilla.
El pecho de Celeste subía y bajaba, había querido golpearme con fuerza.
Está bien. Lo dejaré pasar.
Después de todo… ya arruiné su plano. Ya le hice la vida más difícil. Tal vez esta bofetada sea solo… equilibrio cósmico. Algún tipo de castigo por ser de