Me recosté sobre la manta, dejando que Isla apoyara suavemente su cabeza contra mi hombro, sintiendo el calor del sol sobre nosotros y el suave murmullo del río junto a nuestro pequeño refugio ribereño. Los niños corrían persiguiéndose cerca, sus risas mezclándose con el suave susurro de las hojas, una melodía perfecta que quería embotellar y conservar para siempre.
Los dedos de Isla rozaban los míos distraídamente, y pude sentir su tensión antes de escuchar siquiera sus palabras. “¿Estás segur