Valeria entrecerró los ojos, saboreando cada palabra como si quisiera alargar el momento.
—Sabes, Sofía —dijo con un deje de burla apenas disimulado—, deberías agradecerme por ser tan considerada. No todas tendrían la delicadeza de advertirte. Pero mírate… tan ingenua. Seguro pensaste que un par de gestos amables de Antonio significaban algo más.
Sofía sintió que la sangre le hervía, pero no le daría el gusto de verla perder el control. Inspiró hondo, enderezó los hombros y respondió con voz fi