—Brian… —intentó hablar Anna, temblando—. Eso no es verdad. Sabes que eres el único hombre con el que he estado.
—¿Quién te dijo algo así? —interrumpió él, su voz cargada de rabia mientras apretaba más su agarre sobre el brazo de ella—. ¡Sofía! —escupió el nombre con un hilo de furia—. ¡Sofía me dijo que era estéril!
Anna palideció de golpe. Tragó con dificultad y murmuró una maldición apenas audible, su mirada llena de miedo y desesperación.
—¡Eso es mentira, Brian! —balbuceó, su voz temblando