Sofía lo miró con horror, su corazón latiendo desbocado mientras sentía el mareo apoderarse de su cuerpo. La voz le salió rota, apenas un susurro cargado de incredulidad.
—¿Q-qué… qué estás haciendo, papá? —preguntó, retrocediendo un paso tambaleante—. ¿Cómo pudiste…?
Maxin se levantó lentamente de su asiento. Sus pasos resonaron pesados sobre el suelo de mármol mientras se aproximaba a ella. En su rostro no había rastro de remordimiento, solo una calma cruel que heló la sangre de Sofía.
—Lo qu