Sofía permanecía paralizada, el cuerpo temblándole mientras todos la rodeaban como depredadores olfateando su miedo. Las palabras que caían sobre ella eran cuchillas afiladas, y cada una la golpeaba con fuerza.
—¡Maldita zorra ! —escupió Valentina, acercándose, sus ojos llenos de desprecio—. ¡Siempre creí que eras una oportunista, y ahora lo confirmo!
Sonia, con la voz cargada de veneno, se acercó también: —¡Bruja! ¡Nos has engañado a todos! ¡No mereces nada de lo que tienes!
—¡Siempre supiste