Al volver a la mansión ésta estaba sumida en un silencio sepulcral cuando Brian entró. No esperó a que nadie lo recibiera ni dijo palabra. Sus pasos resonaban pesados sobre el mármol, arrastrando su sombra rota. Subió las escaleras con la mirada perdida y se encerró en su estudio de un portazo.
El ambiente estaba oscuro, cargado. Caminó directo a la repisa de cristal, tomó una botella de whisky y la destapó con manos temblorosas. Bebió a tragos largos, sintiendo el ardor quemarle la garganta. N