Antonio revisaba unos documentos en su oficina cuando el sonido entrecortado del teléfono lo hizo alzar la vista.
—¿Sofía? —preguntó, al escuchar el ruido extraño al otro lado de la línea. Pero no obtuvo respuesta. Solo un crujido, un golpe seco… y luego, silencio absoluto.
Un escalofrío le recorrió la espalda.
Intentó volver a llamar, una, dos, tres veces, pero la llamada no conectaba. La preocupación empezó a crecerle en el pecho, lenta al principio, hasta convertirse en una presión insopor