Antonio revisaba unos documentos en su oficina cuando el sonido entrecortado del teléfono lo hizo alzar la vista.
—¿Sofía? —preguntó, al escuchar el ruido extraño al otro lado de la línea. Pero no obtuvo respuesta. Solo un crujido, un golpe seco… y luego, silencio absoluto.
Un escalofrío le recorrió la espalda.
Intentó volver a llamar, una, dos, tres veces, pero la llamada no conectaba. La preocupación empezó a crecerle en el pecho, lenta al principio, hasta convertirse en una presión insoportable.
Fue entonces cuando su teléfono volvió a sonar. Contestó al instante.
—¿Sofía? —dijo con voz entrecortada.
—¿Usted es el señor Antonio Valtieri? —la voz desconocida, masculina, sonó desde el otro lado de la línea.
—Sí… sí, soy yo. ¿Quién habla?
—Le llamamos del Hospital Central. Encontramos este número en el teléfono de la señorita Sofía… tuvo un accidente.
Por un segundo, Antonio no pudo procesar lo que escuchaba. La sangre le abandonó el rostro y el corazón se le detuvo.
—¿Qué… q