Sofía sintió cómo un temblor recorría sus manos mientras apretaba las sábanas. Su pecho ardía, y cada respiración le dolía como si aún tuviera la bala dentro.
Los recuerdos del accidente pasaron por su mente el choque el suelo frío volvieron en oleadas, cada uno más punzante que el anterior. Un nudo se formó en su garganta y las lágrimas rodaron sin control.
Una enfermera entró apresurada al verla despierta.
—¿Se siente bien, señorita? —preguntó con voz suave mientras revisaba el monitor—.