Brian, cegado por la rabia y el dolor de sentirse derrotado, apretó los puños con tanta fuerza que sus nudillos palidecieron. Con un rugido de furia, lanzó un puñetazo directo hacia Antonio, como si en ese golpe descargara toda su frustración.
Pero Antonio, con la frialdad de quien sabe dominar a su enemigo, lo esquivó con un movimiento limpio, casi elegante. Y en respuesta, descargó un golpe seco y certero contra la quijada de Brian. El impacto resonó en el pasillo, un chasquido brutal que hiz