El mediodía en "El Portal" era un torbellino de pedidos. Elena se movía con una agilidad que empezaba a ser natural, el cabello castaño recogido y el delantal manchado de café. Se sentía protegida por el anonimato del vapor y el ruido, hasta que la puerta chirrió y el tiempo pareció detenerse.
Un hombre entró. Vestía un traje de lino italiano que gritaba "dinero" y llevaba un reloj que costaba más que todo el café. Era Mauricio Velez, uno de los antiguos socios de su madre y un hombre con el qu