El café "El Portal" no tenía el aire acondicionado de Vegacorp ni el silencio elegante de las oficinas de marketing. Era un lugar ruidoso, cargado de olor a granos tostados, vapor de leche y el sudor de la gente que corría para llegar a sus empleos. Elena llevaba tres días allí y sentía que sus piernas se iban a quebrar. Cada vez que llevaba una bandeja, temía que su antiguo yo gritara de frustración ante la rudeza de algunos clientes.
—¡Elena! La mesa cuatro quiere más azúcar, y muévete que se