La oficina del Chef Jean-Pierre olía a espresso y especias caras. Sobre su escritorio de roble, el contrato descansaba como una declaración de guerra. Jean-Pierre se reclinó en su silla, observando a las dos mujeres a través del vapor de su taza.
—El sabor es indiscutible —sentenció el Chef con su acento marcado—. Pero mi hotel no es una tienda de barrio. Si vamos a poner "Conservas Milena" en nuestras suites y en la línea de exportación a Curazao, necesito quinientos frascos semanales. Const