La medianoche en aquel motel no trajo descanso, solo una claridad brutal y dolorosa. El ventilador de techo seguía su ritmo monótono, cortando el aire pesado, mientras Anastasia miraba el techo descascarado.
"Debería estar en una celda", pensó con una honestidad que le escocía en el pecho. Sabía que, legalmente, ella era tan culpable como Graciela. Ella había sido la mano invisible, el código detrás del fraude, la mente que vaciaba las arcas de los Han mientras sonreía en las cenas de gala. Per