La tarde se negaba a morir. El cielo, teñido de un tono naranja oscuro, se reflejaba en la superficie lisa del lago, duplicando la melancolía que se había instalado en el pecho de Mateo. Estaba sentado frente a la pequeña mesa de un restaurante en la orilla, buscando consuelo en el aire frío de la inminente noche. El humo de su café, a medio terminar, era el único testigo de su frustración.
Levantó la mirada. La luz artificial del otro lado del puente era un contraste demasiado brillante para l