La puerta de mi apartamento se cerró a mis espaldas con un clic sordo que pareció sellar mi vieja vida. Me apoyé contra la madera, sintiendo el frío a través de mi abrigo. El silencio que siempre me había reconfortado ahora resonaba con el eco de una pregunta demencial, dejando cómo las lágrimas que había estado conteniendo desde el vestíbulo finalmente escapaban. La luz tenue de mi lámpara acarició el lomo de Luna, que vino a rozarse contra mis piernas con su ronroneo grave.
—Luna —susurré, d