La puerta se cerró a mis espaldas y por fin pude respirar. El silencio del apartamento de Adrián, tan opulento como intimidante, me envolvió como un manto. Dejé caer las bolsas con un suspiro que venía desde lo más hondo. Marcas de lujo, telas suaves, accesorios que costaban más que mi alquiler de un mes... todo eso amontonado en el suelo como un testimonio de un día realmente difícil.
—Miau.
El sonido, suave y curioso, vino del sofá. Allí estaba Luna, observándome con sus ojos azules como si e