La noche cayó de golpe, como si el edificio hubiera decidido apagar algo más que las luces.
Valeria seguía sentada frente a la pantalla apagada donde horas antes había estado el nudo faltante. Nadie la había obligado a quedarse allí, pero tampoco había podido irse. Era una forma absurda de vigilia, como si permanecer cerca del vacío pudiera devolverle algún sentido.
El espacio estaba más silencioso que de costumbre. No era calma. Era contención. Las conversaciones se habían vuelto cortas, funci