El día de la ruenion, nadie llegó tarde porque nadie sabía exactamente a qué hora empezaba, y era a la primera hora. El espacio se fue llenando poco a pocom. No hubo convocatoria formal ni mensaje fijado en una pantalla. La noticia había corrido como corren las cosas importantes en lugares frágiles: de boca en boca, sin adornos.
Valeria permanecía de pie, cerca de una de las columnas. No en el centro. Nunca en el centro. Sentía el cuerpo tenso, como si cada músculo se hubiera preparado para rec