La Torre Han aprendió a callar.
No fue un apagón ni un fallo técnico. Fue un silencio inteligente, selectivo. Las notificaciones dejaron de parpadear con urgencia y adoptaron un ritmo más humano, casi respetuoso. El sistema seguía activo, pero ya no exigía atención constante. Observaba.
Valeria lo sintió como un peso nuevo, más profundo. No presión. Responsabilidad.
—Se replegó —murmuró, leyendo los indicadores—. Está redistribuyendo procesos. Menos automatización. Más… espera.
Adrián estaba de