Capítulo 135: haremos nuestro propio patrimonio.
El atardecer teñía de un naranja sangriento el salón del ático, proyectando sombras alargadas que hacían que los muebles de diseño parecieran siluetas de extraños. Valeria entró al apartamento con el eco de la tarjeta rechazada todavía resonando en su mente. Al cruzar el umbral, notó de inmediato que algo no cuadraba. El aire se sentía denso, casi estático, y las luces automáticas que solían recibirla permanecían apagadas.
Adrián estaba sentado en el sofá de cuero negro, con los codos apoyados en las rodillas y la mirada perdida en el horizonte de la ciudad que se extendía tras el ventanal. No se movió cuando ella entró. No hubo la sonrisa protectora ni el abrazo cálido de siempre.
—¿Adrián? —susurró Valeria, dejando su bolso en la entrada. Su corazón empezó a latir con una fuerza sorda contra sus costilla
Él levantó la cabeza lentamente. Sus ojos, que siempre habían sido un refugio de seguridad para ella, ahora reflejaban una mezcla de rabia contenida y una vulnerabilidad que nunc