Capítulo 136: Limpien todo.
El silencio que había reinado en la sala tras la confesión de Adrián se rompió de forma violenta. Las elegantes lámparas de diseño que colgaban del techo parpadearon dos veces antes de emitir un zumbido eléctrico y apagarse por completo, dejando el ático sumergido en la penumbra azulada del anochecer. Casi al mismo tiempo, un sonido mecánico, sordo y rítmico, empezó a ascender por el hueco del edificio: el ascensor privado, aquel que solo respondía a las huellas de los Han, se había activado.
Adrián bajó la mirada hacia su muñeca. La pantalla de su reloj inteligente brillaba con una luz roja insistente.
—"Acceso de administrador anulado" —leyó en voz alta, y su voz sonó como el acero chocando contra el hielo. Miró a Valeria, cuya silueta apenas se distinguía en la oscuridad—. No son los cerrajeros, Valeria. Es el equipo de "limpieza" de mi madre. Seguridad privada. Ha enviado a sus hombres para asegurarse de que salgamos de aquí con las manos vacías. Quiere inventariar hasta el úl