Capítulo 114: El frente de hierro.
La luz del alba entró en la habitación principal con una delicadeza casi reverente, tiñendo las paredes de un tono miel que suavizaba la frialdad del diseño minimalista. El polvo bailaba en los rayos de sol que cruzaban el aire, pero dentro de la cama, el tiempo parecía haberse detenido por completo.
Valeria abrió los ojos lentamente, emergiendo de un sueño profundo y sin fisuras. Lo primero que sintió fue el peso reconfortante y posesivo del brazo de Adrián rodeando su cintura, una ancla de calor que la mantenía pegada a su pecho.
El silencio que reinaba en la habitación era sagrado, solo interrumpido por la respiración acompasada de Adrián contra su nuca. Las sábanas de seda gris conservaban un rastro embriagador del perfume de ambos: la madera y el sándalo de él mezclados con la verbena y el aroma dulce de la piel de ella.
En ese instante, Valeria se sintió invencible. El recuerdo de la noche anterior, de la entrega total y las promesas susurradas en la oscuridad, actuaba co