Capítulo 115: El ojo del huracán.
El suave zumbido de los servidores y el golpeteo rítmico de los teclados a mi alrededor eran la música más dulce que había escuchado en mucho tiempo. Estaba sentada frente a mi computadora, con la espalda recta y la mirada fija en las líneas de datos que desfilaban por la pantalla de doble monitor. Analizaba las proyecciones de marketing para el próximo trimestre, cruzando variables de costos y alcances con una precisión que solo el descanso absoluto me había permitido recuperar.
Se sentía increíblemente bien estar de vuelta.
Había pasado un mes entero en reposo, un mes donde las paredes del apartamento de Adrián, más nuestra luna de miel a Tailandia habían hecho un enorme cambio en mí. Y Aunque agradecía el cuidado, mi mente siempre había sido inquieta, acostumbrada a la adrenalina de los informes de última hora y a la satisfacción de encontrar un error en una hoja de cálculo que nadie más había notado. Estar aquí, en mi escritorio, con el aroma del café de oficina flotando en el