32. Sangre y estirpe.
Gabriel se preparó para hablar, pasó los dedos por su entrecano cabello y luego murmuró.
— Lo que les dijo ese alfa es verdad — comentó, pude ver como franco perdía las fuerzas en las piernas y caía en el mueble dónde había estado sentado hacia un segundo.
Maximiliano permanecía serio, con una extraña expresión y yo me abracé a mi misma, de repente el hambre que tenía se había espantado de mi organismo. Yo sabía que todo era verdad, porque había sido de esas mujeres inseminadas, pero por alg