— Muchacha tonta — dijo en mi oído mientras me abrazaba.
Pero, sinceramente, no parecía demasiado enojado; todo lo contrario, de verdad parecía preocupado. Cuando me apartó pude ver la genuina preocupación que había en su mirada. Apoyó sus cálidas y grandes manos en mis mejillas.
— ¿Qué carajos pasó?
Era extraño escucharlo hablar en ese tono tranquilizado después de que siempre lo había escuchado gritar y maldecir.
— Reyes Cuervo — dijo Franco, transformándose nuevamente en humano.
— ¿Cómo que Reyes Cuervo? — preguntó el Alfa, conmocionado, mirando al joven mientras este se cubría con un pequeño albornoz que alguien le pasaba.
— Así como lo escucha, mi alfa. Un par de Reyes Cuervo nos secuestraron a nuestra luna y a mí. Reyes Cuervo que trabajan para el Alfa de la manada que quiere iniciar la guerra con Alaska.
Esos pocos que estaban reunidos con nosotros se asustaron. Los lobos regresaron a su forma humana y comenzaron a reunirse alrededor.
— Ustedes dos — ordenó el Alfa, seña