— Muchacha tonta — dijo en mi oído mientras me abrazaba.
Pero, sinceramente, no parecía demasiado enojado; todo lo contrario, de verdad parecía preocupado. Cuando me apartó pude ver la genuina preocupación que había en su mirada. Apoyó sus cálidas y grandes manos en mis mejillas.
— ¿Qué carajos pasó?
Era extraño escucharlo hablar en ese tono tranquilizado después de que siempre lo había escuchado gritar y maldecir.
— Reyes Cuervo — dijo Franco, transformándose nuevamente en humano.
— ¿Cómo