33. Sospechas que anuncian guerra.
Yo quería insistir, de verdad quería insistir en preguntarle al Alfa cuál de los tres hijos era su verdadero hijo, cuál era su hijo biológico. Necesitaba saberlo, lo quería saber, porque que Isabel fuera mi hija no era más que una sospecha, una sospecha firme, pero no dejaba de ser eso. Yo tenía que estar segura, tenía que estar segura ahora más que nunca. Porque si era verdad que el Alfa Bastian estaba ahí para recuperar a su hijo, la guerra podría consumirlos a todos, incluso a mi pequeña Isabel.
— Yo no sé cuál será el hijo de Maximiliano — dije — Los tres hombres voltearon a mirarme — Pero sí sé cuál es el hijo del Alfa Bastian.
— ¿Cuál es? — preguntó Maximiliano, curioso, inclinándose nuevamente hacia mí.
— Es el pequeño Axel, ¿verdad?
La mirada que el Alfa intercambió con su consejero Gabriel me dio a entender que sí, que tenía razón.
— ¿Y por qué lo dices? — preguntó el anciano del Consejo.
— Creo que es bastante obvio. El Alfa Bastian parece ser un ser sádico, enfermo,