El caos en la Villa "L'Ombra della Vite" era ensordecedor. El humo de las granadas lacrimógenas se mezclaba con el polvo de siglos que se levantaba de los muebles destrozados por las balas. Bianca, con el relicario de su madre apretado contra el pecho como un talismán, se movía agachada, siguiendo la estela de Alessandro, quien disparaba con una precisión letal a pesar de la sangre que manchaba el vendaje de su hombro.
Gunnar, el gigante islandés, cubría la retaguardia con su rifle de asalto, r