El sol de la Costa Azul no pedía permiso para entrar en la villa "L'Éclat de la Mer". Se filtraba por los ventanales abiertos, bailando sobre el suelo de mármol que ya no estaba cubierto por sábanas de luto, sino por los restos de una vida vibrante: unos lápices de colores esparcidos, un libro de cuentos sobre mitología griega y una pequeña sandalia de cuero abandonada cerca del piano.
Seis años habían pasado desde que el mundo conoció por última vez los nombres de Bianca Moretti y Alessandro C