El trayecto de regreso a su isla privada fue un silencio cargado de electricidad estática. Luca manejaba la lancha con una agresividad contenida, cortando las olas como si quisiera castigar al mar. Maya estaba sentada en la popa, mirando la estela blanca que dejaban atrás, sintiendo que su nueva vida era una mentira que el pasado acababa de desenmascarar.
Al llegar a la casa, Luca no entró. Se quedó en la terraza, sacando un binocular de largo alcance y un maletín que Maya esperaba no tener que