El rugido de los motores del jet privado era un zumbido sordo que envolvía el interior de la cabina, sumida en una luz ámbar tenue. Afuera, el mundo era un abismo de nubes oscuras sobre el océano Índico, pero dentro, el espacio se había reducido a un solo punto focal: el sofá de cuero donde Bianca yacía recostada, con la respiración entrecortada. Alessandro se movía con una precisión silenciosa, transformando la lujosa cabina en una enfermería improvisada.
Había despojado a Bianca de su traje t