El búnker de Aegis se transformó en una trampa de luces estroboscópicas rojas y un aullido electrónico que perforaba los tímpanos. Bianca no perdió la calma; la revelación de su madre le había infundido una claridad gélida, una especie de furia sagrada. Guardó el dispositivo de intrusión en su arnés táctico y desenfundó su pistola de cerámica.
—Alessandro, los ascensores están bloqueados por el sistema de seguridad —dijo Bianca, moviéndose hacia la salida del búnker mientras las puertas de acer