El glaciar Vatnajökull no era un lugar para los seres humanos; era un desierto de hielo azul y grietas mortales donde el tiempo parecía haberse detenido hace milenios. Bianca caminaba con la nieve hasta las rodillas, cargando un equipo de supervivencia de veinte kilos y el rifle Barrett de largo alcance que Gunnar le había obligado a llevar. Sus pulmones ardían con cada bocanada de aire gélido, y sus dedos, a pesar de los guantes térmicos, estaban perdiendo la sensibilidad.
—¡Si te detienes, mu