La puerta de la habitación de Killian se abrió lentamente, y el pecho de Josselyn se tensó al instante.
Se detuvo un momento. Tomó aire profundamente, intentando prepararse para lo que fuera que la esperaba dentro.
Y entonces… se quedó inmóvil.
Allí.
Killian estaba de pie no muy lejos de la gran ventana, la luz del día iluminando su cabello negro azabache. Pero no era eso lo que dejó a Josselyn paralizada.
Sino la mujer a su lado.
Angeline.
Madame Angeline, como la llamaban. Un título que no en