—¿Por qué no nos escapamos?
Las palabras de Darius quedaron suspendidas en el aire, pesadas, opresivas, como si tuvieran forma propia.
La habitación de pronto se sintió demasiado estrecha. Demasiado silenciosa. Incluso Josselyn no podía oír sus propios pensamientos.
Se quedó allí, dándole la espalda a Darius, con los dedos aún aferrados al borde de la mesa de madera. Su respiración era suave, pero inestable.
No respondió. No pudo. Porque una sola respuesta… sería un final equivocado.
Detrás de