El aroma a café recién molido y a pan dulce invadía el ambiente del "Café de la Concordia" mientras Joren se abría camino entre las mesas. El lugar estaba lleno de vida, con conversaciones que se mezclaban en un murmullo constante y el tintineo de las cucharas contra las tazas de cerámica. Sus ojos escanearon la cafetería, buscando la mesa cerca de la ventana que el licenciado King le había indicado. Finalmente lo vio, la figura imponente de un hombre que había sido una parte fundamental de su