La noche en Coronango, Puebla, transcurría con una quietud que a Nant le resultaba casi opresiva. En el código postal 72730, el mundo se movía con una lentitud predecible, muy distinta a la adrenalina constante de Veracruz. Nant estaba recostada en su cama, rodeada de sus libros de la Maestría en Administración, pero su atención estaba fija en la pantalla de su celular.
Acababa de enviarle a Yago el mensaje sobre el veredicto de su padre: dos meses. La respuesta de Yago llegó con la velocidad de