La noche en Coronango, Puebla, transcurría con una quietud que a Nant le resultaba casi opresiva. En el código postal 72730, el mundo se movía con una lentitud predecible, muy distinta a la adrenalina constante de Veracruz. Nant estaba recostada en su cama, rodeada de sus libros de la Maestría en Administración, pero su atención estaba fija en la pantalla de su celular.
Acababa de enviarle a Yago el mensaje sobre el veredicto de su padre: dos meses. La respuesta de Yago llegó con la velocidad de un rayo, cargada de esa seguridad que solo un hombre como él podía proyectar.
Yago ❤️: "Enterado. En dos meses pediré tu mano en matrimonio formalmente con mis padres. Voy a empezar a comentarles ahora mismo para que se empiecen a organizar. Todo saldrá bien, mi cielo."
Nant sonrió, sintiendo el peso del anillo de diamante pera que llevaba oculto contra su palma. Pero la sonrisa se desvaneció cuando la puerta de su habitación se abrió. Clara, su madre, entró con una expresión solemne y le pidió