A las 5:30 de la mañana, en el tranquilo y exclusivo ambiente de Lomas de Angelópolis, Joren se despertó con el suave zumbido de su alarma. La luz del amanecer apenas se filtraba por las persianas de su habitación, una estancia amplia y minimalista que reflejaba el orden y la opulencia de la casa de su madre, Diana. El silencio era casi total, roto solo por el murmullo lejano de los sistemas de aire acondicionado de la mansión. Se levantó de la cama, se dirigió al baño privado y se preparó para