Mientras en Veracruz se sellaban pactos de sangre y se iniciaban conversiones religiosas estratégicas bajo la brisa del mar, en la ciudad de Puebla, el ambiente en la facultad de negocios era aséptico, frío y cargado de estrés académico. Era martes de exámenes finales, y el aula estaba sumida en ese silencio tenso donde solo se escucha el rasgueo de plumas y el suspiro ocasional de la desesperación.
Nant terminó de redactar la última respuesta de su examen de Estrategia Corporativa. Se estiró discretamente en su pupitre, sintiendo el alivio de haber superado la prueba, pero también el peso de la fatiga. Anhelaba que fuera viernes. Su cuerpo y su mente estaban en Puebla, resolviendo casos teóricos, pero su corazón ya estaba contando las horas para su peregrinación semanal hacia el sureste. Sin embargo, hoy no habría autobús de lujo ni olor a mar; hoy le tocaba regresar a la realidad de su vida "normal" con sus padres.
Se levantó, caminó hacia el escritorio del profesor al frente del au