Aquel mes se había convertido en una eternidad para Miranda. Las horas se estiraban en el silencio de la habitación y la rutina hospitalaria amenazaba con mermar su paciencia. Pero, aferrada a la idea de que todo ese sacrificio era por su bien y por su futuro, se mantuvo firme, fuerte y decidida a recuperarse por completo. Su meta era clara; regresar a casa, con Alec y con Edward.
Su determinación dio frutos. En un par de semanas, su avance estaba sorprendiendo hasta a las enfermeras más experi