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Una vez dentro del auto, Alec sacudió la cabeza para despejar los pensamientos oscuros. No quería llevar esa energía a casa. Recordó lo mucho que le encantaba la pizza a Edward.

Se detuvo en una pizzería reconocida y compró dos cajas grandes. Quería quedar bien con su hijo y compartir un momento normal.

Al llegar a casa, Xiomara lo recibió.

—Buenas noches, señor. El día de hoy también estuve pendiente del pequeño Edward. Se ha portado muy bien y ha comido un poco más, aunque todavía no cena.

—G
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