Xiomara, todavía con la espina clavada por la actitud evasiva de Rowena, aprovechó un momento de distracción para rebuscar en el bolso de su compañera. Su corazón dio un vuelco al encontrar un fajo considerable de billetes. Era demasiado dinero en efectivo para una empleada del hogar.
Cuando Rowena regresó, Xiomara la confrontó en el pasillo, mostrando el fajo.
—Rowena, ¿de dónde has sacado tanto dinero?
Rowena no se inmutó; había preparado la coartada.
—Lo conseguí por un préstamo. Estoy lidi