Capítulo Setenta y Uno. Donde la sangre encuentra la sangre
El rugido de Kael hizo temblar las piedras del castillo.
Su lobo dorado emergió, enorme, radiante… pero esa luz ardía con una furia desesperada, no con la dignidad de un rey.
Rowan apenas tuvo tiempo de transformarse de nuevo, huesos quebrándose y rearmándose, hasta que su lobo oscuro —más grande ahora, más imponente— le hizo frente.
El choque de ambos fue brutal.
Pelaje contra pelaje. Garra contra garra.
Un estrépito que retumbó en ca