Capítulo Setenta. El verdadero Alfa.
El rugido de Rowan sacudió los muros del castillo.
El aire se quebró como vidrio, vibrando con una fuerza antigua, más vieja que el propio linaje real.
Frente a todos, Rowan había dejado de ser solo un hombre marcado por el silencio y la culpa.
Su lobo se alzó gigantesco, de pelaje negro azabache, con destellos plateados corriendo por su melena como relámpagos. Sus ojos, de un gris profundo, brillaban con la autoridad salvaje de quien nació para mandar.
Kael