Capítulo Sesenta y Tres. El umbral de las decisiones.
Lyra abrió la puerta.
Era Kael.
Llevaba una copa de vino en la mano, aún vestido con la ropa de entrenamiento, el cabello revuelto y los ojos más cansados que de costumbre. Aun así, se obligó a sonreír. No con los labios. Con el corazón que todavía le pertenecía… al menos en parte.
—¿Puedo pasar? —preguntó.
Ella asintió, moviéndose apenas para abrirle paso. La carta de Serena seguía abierta sobre la mesa. El cuaderno también.
Kael la notó, p