Capítulo Sesenta y Dos. El nombre completo de una Luna
La mañana amaneció sin canto de aves ni luz definida. Solo una neblina gris que parecía reflejar el estado emocional del castillo.
Lyra no había dormido. La carta que había encontrado en la biblioteca oculta reposaba sobre sus piernas, leída tantas veces que ya conocía las palabras de memoria. No era una revelación: era un recordatorio. No había dos mujeres. Solo una que empezaba a aceptar la magnitud de todo lo que era.
Cuando Solene entró