Capítulo veintiuno: La grieta invisible
El amanecer no trajo alivio, sino una bruma espesa que se aferraba a los jardines como si el castillo respirara miedo.
Lyra no había dormido. Sentada junto a la cama de Liam, lo había observado toda la noche, repasando mentalmente cada instante de la explosión. El niño dormía ahora, con la frente vendada y los dedos pequeños enredados en los de ella, como si temiera que pudiera desaparecer si los soltaba.
Kael había permanecido en silencio la mayor par