Capítulo veinte: Veneno en la copa, fuego en la sangre
La cena real transcurría bajo una apariencia de normalidad que se sentía más falsa con cada minuto que pasaba. Las copas estaban llenas, las risas eran discretas, ensayadas, y el tintinear de los cubiertos parecía más un código oculto que un acto cotidiano. La corte estaba en tensión. Y Kael lo sabía.
Sentado en la cabecera, el Rey mantenía la espalda recta, los ojos atentos, pero su mirada vagaba hacia el extremo opuesto de la mesa, donde