La puerta se cerró tras Lucía con un clic definitivo que resonó en su corazón. Una vez más, se encontró a la deriva. Sentía el peso del mundo sobre sus hombros, pero estaba decidida a no compartirlo. Aunque significara pasar la noche en las calles de la capital acunando a Alisson, no permitiría que nadie más cargara con sus problemas.
Bessie, su vecina y única aliada, la acompañó en silencio hasta la parada del autobús. El aire estaba impregnado de una tristeza compartida. Justo antes de subir,