—Viniste —susurró Carlos, con la voz apenas audible, pero cargada con el peso de mil palabras no dichas. En cuanto su mirada se posó en ella, un destello de calidez iluminó sus ojos, normalmente serenos.
—¿Cómo te sientes? —preguntó Lucía, forzando una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
—Se está recuperando bien —intervino la enfermera con dulzura—. Solo un par de días más de observación y estará listo para el alta.
Una vez que quedaron solos, un profundo silencio envolvió la habitación. Lucía